Humberto, mi vida, mi aire, mi todo… - Monólogo dramático
Personajes:
Gloria: tiene 73 años, sufre de artritis, vive en el campo en la finca de su esposo, tiene un nieto de 1 año.
Humberto: personaje referencial, murió hace tres meses, tenía 82 años y sufría de Alzheimer.
Javier: hijo de Gloria y Humberto.
Victoria: Hija de Gloria y Humberto, madre de Simón, tiene 40 años.
Simón: Nieto de Gloria y Humberto.
Gesualdo: trabajador de la finca y amigo de Humberto, tiene 57 años.
En la escena se va a colocar una silla al lado de la ventana del cuarto de Gloria. En esa silla Gloria se va a sentar durante toda la obra, y al lado se va a poner una mesa de noche con un tinto y una caja de servilletas.
Gloria: 60 años junto a Humberto, lo conozco desde el día en que nos casamos, nunca había amado a ningún otro hombre, tan sólo tenía 13 años y aún recuerdo la primera noche de bodas, pero claro, él hace tiempo que lo ha olvidado. Recuerdo muy bien el nacimiento de nuestro primer hijo Javier, hace ya cuarenta y cinco años que mis lágrimas de alegría inundaron mis gritos de dolor, cuando tuve a mi bebé en mis brazos. Dos años después llegó a nuestras vidas la niña de mis ojos, la princesa de su padre, Victoria, la madre de mi único y adorado nieto Simón. Aun cuando para Javier aquella hermosa bebé fue un ángel de la guarda, ella nunca lo conoció, pues desde ese 24 de Julio de 1986, si mal no recuerdo esta fecha, nuestra casa no fue la misma, cuando una enfermedad a la que aquel médico llamó malaria me arrebató a mi pequeño de mis manos. (Gloria llora y llora sin parar hasta que se toma un sorbo de tinto, toma un suspiro y sigue hablando).
Gloria: Ese oscuro día Humberto dejó a un lado su vida, y aunque se preocupaba por el futuro de nuestra hija, nunca pudo salir de ese hueco profundo en el que Javier lo dejó. Poco a poco su salud fue empeorando, al principio pensé que iba a ser pasajero, que su malestar iba a terminar, pero al pasar los días los resfriados se convertían en gripas que no duraban menos de tres meses, y entre gripa y gripa su salud no le duraba sino unas pocas semanas. No pasaron sino unos cuantos años, en los que tuve que cuidar del ganado, cultivar las cosechas y vigilar los negocios de Humberto en el pueblo, para que Victoria tuviera una educación completa y tener que comer y vestir, además de pagar la medicina de Humberto, pues el médico del pueblo le había diagnosticado aquello que llaman Alzheimer. No supe qué era aquello del Alzheimer, hasta hace unos años cuando perdió todo recuerdo, desde el nacimiento de Victoria; además, al salir el sol, salía de nuestra recámara a buscar a Javier para ayudarlo con el desayuno. Humberto siempre fue un buen hombre y un buen esposo, todos los días se levantaba temprano y hacía el desayuno para que yo pudiera descansar unos minutos más. Cuando no encontraba a nuestro hijo, hallaba a mi marido en la cocina, en medio de un desastre, pues se le habían perdido ya las recetas de las tartaletas que tanto nos gustaban.
Gloria: Los años fueron pasando y cada vez más Humberto se iba olvidando de todos los momentos bellos que vivimos desde nuestra juventud; de nuestro matrimonio, de la primera vez que nos encontramos (se queda callada por un segundo). Son muchos los recuerdos que aún siguen en mi mente y que nunca voy a olvidar. Pero además de que fue perdiendo la memoria, su cuerpo también comenzó a quedar paralizado con el tiempo. Al principio comenzó a perder la habilidad para hacer muchas cosas en la finca; no podía ordeñar las vacas, no podía ayudar con los cultivos de maíz, pero lo que más me sorprendió de todo esto, es que ya no podía arriar ganado. ¡¿Humberto sin poder arriar ganado?! (Lo dice con un tono fuerte y de sorpresa). Esto fue una gran sorpresa no solo para mí sino para todos los trabajadores de la finca, en especial para Gesualdo, quien siempre había sido su fiel acompañante en esta actividad que tanto le gustaba. Desde ese momento comencé a entender la gravedad del asunto, y por más de que quisiera que todo volviera a la normalidad, ya todo era imposible, porque Humberto cada día iba empeorando más, cada día iba perdiendo la esencia de su propia alma.
Gloria: Aquel 24 de Febrero, cuando desperté, no fue solo mirar a Humberto para entender que su larga travesía por este mundo había terminado, su corazón había dejado de latir, y, sin pensarlo dos veces, fuimos con todos los demás campesinos a enterrarlo en la vereda del norte; un lugar en donde solo estaban los que eran dignos de ser enterrados allá. A decir verdad, tengo que admitir que este fue, si no el peor, uno de los momentos más tristes de mi vida. Nunca pensé que mi esposo, mi adorado Humberto, fuera a morir de esa manera. Sin su voz, su olor, su compañía me siento incapaz de vivir. Humberto es una parte de mi alma, sin él nada va a volver a ser igual, es como si faltara una parte de mi ser, porque me siento incompleta, como si cada día fuera perdiendo pedacitos de la corta vida que me queda. Ya sé que han pasado tres meses, lo cual para muchas personas es un tiempo prudente para irse olvidando del asunto, pero para mí, 1 mes , 1 año, ni siquiera 1 siglo va a ser suficiente para olvidar esta terrible tragedia y vivir como yo vivía antes.
Al terminar la obra, Gloria termina su tinto, se para de su silla y se va por la puerta que esta al lado de su cama.
FIN
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